Desilusión de cuatro sentidos

El quinto se quedó durmiendo, y esperó a que lo despertasen para comenzar a romper su entorno. Así fue que ya no oyó, ya no escuchó, no olió, ni distingió más gustos... ahora sólo siente con sus manos lo que el tiempo le ofrece, y lo disfruta en carne propia.

sábado 15 de octubre de 2011

Mañanas.

La utopía estaba tan cercana y tan pegajosa de verano que los comentarios políticamente extremos no estaban tan de más, y las cabezas reventadas contra el suelo formaban parte del paisaje árido de mis breves llanuras parietales, de mis pensamientos, bah. Además de eso, las canciones que inspiraste después se hicieron ilusiones, melodías de dos acordes pero de esas infinitas soledades que siempre mencionábamos, canciones húmedas con un dejo al frío de siempre. En la mañana vas a estar correctamente cantando con tu bata de toalla rosa bebé, vas a mirarte al espejo mientras te tocás el pelo y te inventás un bucle en tu lacio y largo pelo. Vamos a mirarnos un rato y a sentirnos parte del todo.

martes 17 de mayo de 2011

VERBORRAGIA

Y bueno, así me fui. Caminé quince cuadras con el corazón roto, que no es lo mismo que caminar quince cuadras… ¡EL CORAZÓN ROTO DIJE! Mi corazoncito en mis manos previo a sepultarlo dignamente en el bolsillo de mi rompe-vientos. Antes de darme cuenta (y antes de cruzar Cabildo) el colectivo 41 lo había atropellado. Siempre algo sale mal con ese colectivo. En realidad lo que más me molestó fue que nadie se dignó a ayudarme, el colectivero no paró y yo no lloré porque estaba en medio de Cabildo, y ponerme a llorar por algo que nadie más que yo podía o puede ver, hubiese estado por demás desubicado. Las bufandas con cabezas hubiesen girado, y las miradas de absoluta impaciencia me hubiesen aconsejado gentilmente dejar de llorar, por el bien de la paz, la integridad de los pequeños que no tienen porqué presenciar actos de tan baja categoría humana como lagrimar, y por la cordura belgranense (tipos de alma oscura si los hay). Y así me fui, con el corazón roto en el bolsillo… a mi casa. A mi casa porque no tenía a dónde ir. Ella se había levantado, me había besado el cachete y se había ido repondiéndome mensajes y diciéndole uno-veinte al chofer del 41. Odié todos esos minutos, todas esas cuadras, el frío de la espalda y el mármol del Banco donde nos sentamos y donde me quedé internado veinte minutos mandando y recibiendo sus mensajes antes de empezar a caminar con el corazón al bolsillo (el derecho, en el izquierdo tenía las llaves y el MP3, y qué triste canción escuchaba. Como cinco veces hasta que llegué a mi casa, Para ser amistad creo que fuimos más allá... y no pretendas que no pretenda algo más, supongo que porque me sentía así).
Después fue llegar y escupir sangre, darme cuenta que algo estaba mal. Me metí los dedos en la boca y casi por impulso vomité. Al ratito empezaron a salir los puntos y las comas, sólo podía esperar que no fueran paréntesis, porque esos son encorvados y con sus ideas raras se te meten en el espacio entre los dientes (como el orégano de las pizzas), pero de todas formas llegaron mis paréntesis de siempre (debería dejar de pensar entre paréntesis). Lo último en salir fueron las tildes y los puntitos de las íes, en el medio de toda la ortografía y la gramática, vomité las palabras y oraciones enganchaditas, pero yo más o menos sabía cómo ordenarlas, por desgracia justo un hilo de conversación se escapó por el desagüe y nunca pude saber porqué mi corazón corrió hacia el colectivo y se suicidó.

jueves 28 de abril de 2011

LOS SABORES DE ABRIL

(Abril tenía muy mal gusto)

domingo 3 de abril de 2011

Después de todas las palabras

Y entre mis manos, palabras atrapadas. La simpatía de tu sencillez las había dejado ahí anoche, antes de que dejáramos de hablar. Entre vos y yo, ambos sabemos qué pasó realmente, ambos tenemos esa idea fija, esas ganas de ser más que el otro, de ser más que yo o vos misma.

martes 29 de marzo de 2011

El amor cuando hace frío.

El frío y la tristeza llegan juntos en otoño, y más tarde, más oscuros, más fríos y más tristes, en el invierno. Paradójicamente, esta es la época del año que más disfruto, abrigarme hasta los ojos en las noches, amontonarme cin-cuenta trapos para salir a la calle. La bufanda a cuadros que suelo prestar, pero que me regalaron. Las botitas de gamuza. Los guantes sin dedos, los con-dedos, los de llama (y que me pican, así que me los saco). La nariz roja y el constante snifeo para sujetar los mocos, cada tanto mi mano (con o sin guante, aunque con él es más asqueroso) ayudando al sostén de los verdes pegajosos con un brusco movimiento hacia arriba, y a veces (cada tantas cuadras) un pañuelo descartable, y otros a veces es el mismo pañuelo, pero con los mocos secos. Sin gorro porque me despeina, pero igual uso gorra (aunque no haya sol) que me deja el pelo aplastado. El sol siempre, aunque a veces tiene frío y se tapa con nubes, no lo culpo, esos días yo también tengo frío y me tapo con nubes. A veces la lluvia, a veces. Y entre a veces y a veces, el a veces de la lluvia se hace un siempre, un muy seguido o un desde hace años (aunque eso significa tres días). Los besos cada tanto (por no decir a veces) ¡Qué época para enfermarse y contagiar! El festín de los microbios más malvados, más indefensos o más microbios; y se corre la noticia, sí señores, se corre la noticia de boca en boca justamente, nada más hermoso que los labios de la mujer a la que amás bajo una nariz con mocos, qué hermoso, cuánto amor hay que tenerse para contemplar esa monstruosidad de labios secos y lastimados, narices rojas y voces nasales. Y siempre presente, la ya clásica baldosa floja que también existe en verano, pero que se multiplica con el venir del frío, que derrochando lo suyo nos ofrece agua en las zapatillas (sí, en las zapatillas, y no alrededor de), o en mi caso en las botitas de gamuza que ya no puedo usar hasta mañana porque están tan empapadas que no sirven más que para ser gamuza empapada reposando en la parte techada de mi balcón de segundo piso en la calle Blanco Encalada (la calle que se inunda). Las tormentas, los vientos, la lluvia que proporciona nuestro cielo, la lluvia que proporciona nuestro gobierno, el amor frío (y el escalofrío que le dan los besos) brotando por las alcantarillas porteñas. Si eso no es amor, qué lo es. Dos caras enfrentadas, el frío que castiga y acuchilla, unos besos secos por el viento, unas sonrisas, parados abajo de un árbol sin hojas, la sombra en el piso nos cuenta que el 21 de marzo ya pasó por ahí, de fondo se ve un puente y es de noche y la luz es de la luna, porque causalmente el poste de luz que está sobre este árbol se quemó, el tren ya no pasa a esa hora, la bufanda me aprieta pero por suerte me abriga, y sus ojos que se ponen cada día más lindos (pero es de noche, así que eso no importa), las pestañas que no me mienten al acompañar el rápido parpadeo. Hace frío.

jueves 3 de marzo de 2011

Vos y yo - Capítulo M

Cree que está enamorado de ella. A diferencia, ella está plenamente consciente de lo que él sabe que piensa creer cuando proyecta pensamientos queriendo creer que ella no cree ni piensa en algo tan lejano de la palabra abstracto.

martes 1 de marzo de 2011

Algunas verdades.

Actualmente esta es la única forma de hablarte. Más tarde te llamo, tal vez mañana.